
Hoy tenemos una colaboración especial en el blog. El artículo lo firma Antonio, que lleva años al frente de TodoMASKOTAS, una tienda online de productos para perros y gatos, y que se pasa buena parte del día respondiendo dudas de gente que acaba de traerse un cachorro a casa.
Le pedimos que escribiera sobre una raza que en Maltes Lovers conocemos muy bien: el Bichón Maltés. Desde la tienda, Antonio ve un ángulo distinto al nuestro. No tanto la cría, sino todo lo que viene después: qué comen, qué cepillos funcionan de verdad y qué preguntas se repiten una y otra vez en sus mensajes.
Esto es lo que nos ha contado.
El Bichón Maltés pesa, de adulto, más o menos entre 3 y 4 kilos, así que hablamos de un perro realmente pequeño. Y ese tamaño es justo lo que engancha a mucha gente: encaja en un piso, pesa lo que pesa un bolso lleno y da la sensación de que va a necesitar poco más que un cojín y algo de compañía.
Ahí es donde suelo pinchar un poco el globo cuando alguien me lo pregunta en la tienda. No, no necesita menos paseo que un perro grande solo porque quepa en brazos. Necesita el mismo paseo, la misma exploración, el mismo rato de olfatear cada esquina. Con las patas más cortas, eso sí, así que tarda un poco más en recorrer lo mismo.
Es un perro despierto, cariñoso y bastante pendiente de lo que hace su familia. Se adapta muy bien a un piso, pero adaptarse a un piso no es lo mismo que necesitar poco. Necesita caminar, oler, jugar y conocer sitios nuevos como cualquier otro perro.
Lo digo porque es un error que veo repetirse: con los perros mini es fácil caer en cogerlos en brazos a la primera señal de algo raro, o no dejarles bajarse al suelo en una calle con más movimiento del habitual. Es comprensible, porque dan ganas de protegerlos, pero si no les dejamos moverse con cierta autonomía, acaban siendo perros inseguros, no perros tranquilos. Y esas dos cosas se confunden más de lo que parece.

El pelo blanco: la parte más bonita y la que más curro da
Es la imagen que todo el mundo tiene en la cabeza cuando piensa en un Maltés: ese pelo blanco, largo, casi de peluche caro. Y es real, pero mantenerlo así lleva su trabajo, mucho más del que la gente se imagina antes de traerse un cachorro a casa.
Muda poco, eso es verdad, pero es un pelo fino que se enreda con mucha facilidad. Las zonas donde más nudos aparecen sin que te des cuenta son detrás de las orejas, en las patas, el pecho y la barriga; ahí merece la pena fijarse con algo más de atención que en el resto del cuerpo.
No hace falta convertir el salón en una peluquería canina. Con esto suele ir sobrado:
Carda suave, sin tirones. La primera pasada, para desenredar sin arrancarle nada.
Peine de púas metálico. Va después, para comprobar que no queda ningún nudo escondido.
Spray desenredante. Solo cuando el pelo lo pide, no como paso fijo de cada cepillado.
Lo que de verdad marca la diferencia, más que cualquier producto, es la constancia: cepillar poco y a menudo evita pelearte después con varios nudos formados de golpe, que es lo que casi siempre acaba en pelo rapado.
CONSEJO DE TIENDA
Si el peine se frena de golpe a mitad de camino, ahí hay un nudo formándose. No tires: se abre con los dedos y con calma, nunca a lo bruto con el cepillo.
Hay otro hábito que merece la pena meter desde cachorro, aunque parezca que no toca todavía: acostumbrarlo a que le toques las patas, le mires las orejas o le pases el peine aunque no lo necesite. Si crece con eso normalizado, de adulto se deja hacer sin drama. Si se empieza tarde, cuesta bastante más.
Las manchas bajo los ojos: la duda que más se repite
Si hay una pregunta que me llega una y otra vez por email es esta: por qué le salen esas manchas rojizas o marrones debajo de los ojos a un perro blanco.
La explicación es sencilla: son los pigmentos de la propia lágrima, sumados a la humedad que se queda en esa zona. En un perro de pelo oscuro ese lagrimeo pasaría totalmente desapercibido. En el blanco de un Maltés, se nota muchísimo, y por eso da la sensación de que es un problema exclusivo de la raza, cuando en realidad es solo más visible.
Nada grave, casi siempre.
Para el día a día, basta con limpiar la zona con una gasa y un producto específico para el contorno de los ojos, sin liarse más. Donde sí hay que tener cuidado es en no improvisar: nada de infusiones caseras ni remedios que circulan por foros.
⚠️ CUÁNDO IR AL VETERINARIO
Si el lagrimeo cambia de golpe, aumenta mucho, huele mal o viene con los ojos enrojecidos o con secreción, eso ya no es mantenimiento. Toca veterinario, sin esperar a ver si se pasa solo.
Alimentar a un perro tan pequeño tiene su punto
Esta es, con diferencia, la pregunta que más me hacen: qué darle de comer a un perro tan pequeño.
Con las razas mini hay tres cosas que se pasan por alto constantemente. Aquí las tienes de un vistazo
| Aspecto | Qué mirar |
|---|---|
| Ración | Ajustada a edad, actividad y peso — no a que el comedero esté siempre lleno. |
| Tamaño de croqueta | Un formato mini de verdad, no una bolsa genérica con la palabra puesta en la etiqueta. |
| Etapa de vida | Cachorro, adulto y sénior no comen lo mismo, aunque alguna marca venda igual las tres. |
Y sobre los ingredientes, no hay una fórmula mágica.
Pollo, salmón, cordero: hay buenas opciones con distintas fuentes de proteína, y perseguir un ingrediente concreto porque esté de moda no suele ser lo más importante. Lo que sí importa, y a veces se pasa por alto, es mirar la composición completa del pienso y, sobre todo, comprobar que a tu perro en concreto le sienta bien, porque eso varía de un animal a otro más de lo que la publicidad de las marcas da a entender.
Es algo que reviso constantemente con los clientes que buscan pienso para razas pequeñas, así que si estás valorando opciones para un Maltés o para cualquier otra raza mini, puedes echar un vistazo a la selección de pienso para perros de tamaño mini que tenemos en TodoMASKOTAS, con alternativas pensadas específicamente para perros de este tamaño.
Eso sí: si decides cambiarle el pienso, hazlo poco a poco, mezclando el nuevo con el de siempre durante unos días. Un cambio brusco de alimentación es una de las causas más típicas de que un perro pequeño se pase dos días con el estómago revuelto.
La boca es la gran olvidada
El pelo se nota. Los ojos, también. Los dientes, mientras no hay problema, casi nadie los mira.
Y en perros pequeños es justo donde más hay que fijarse, porque tienen bastante más predisposición que las razas grandes a acumular placa, sarro y acabar con enfermedad periodontal: la mandíbula es más pequeña, los dientes quedan más juntos y ahí se acumula de todo con facilidad.
Una croqueta pensada para facilitar la masticación ayuda, pero no sustituye el cepillado — esa es la confusión más habitual que me encuentro. La rutina que de verdad funciona:
Cepillado dental regular, con pasta específica para perros — nada de pasta humana, por cierto: hay clientes que preguntan, y la respuesta es no, rotundamente.
Snacks dentales como complemento, no como sustituto del cepillo, y con el tamaño adecuado para que no se atragante con ellos.
Revisión veterinaria periódica. Es quien de verdad ve lo que hay debajo de la encía.
Y aquí pasa lo mismo que con el pelo: lo ideal es empezar pronto. Un perro acostumbrado desde cachorro a que le toquen la boca acepta mucho mejor el cepillado de adulto. Convencer por primera vez a un Maltés adulto de que abra la boca porque te has presentado con un cepillo en la mano ya es otra historia. Ahí hace falta bastante más paciencia.

Costumbres pequeñas que suman
A estas alturas, uno podría pensar que cuidar bien a un Bichón Maltés exige llevar una agenda con alarmas. No hace falta llegar a tanto.
Casi todos estos cuidados, una vez que se convierten en costumbre, apenas ocupan tiempo:
Cepillarlo un rato mientras ves la tele — no hace falta reservar un hueco aparte, con eso vale.
Echar un vistazo rápido a los ojos.
Revisarle la boca de vez en cuando, aunque sea un momento.
Vigilar el peso.
Darle de comer algo pensado de verdad para su tamaño, no la bolsa que hubiera en la despensa.
Nada de esto lleva más de un par de minutos si ya está incorporado.
A eso hay que sumarle lo más básico, que a veces se da por hecho: pasear, jugar y, sobre todo, observarlo. Cuando conoces cómo se comporta normalmente, detectas enseguida que algo se ha salido de lo habitual. Y ahí sí, se pregunta. Al veterinario, quiero decir, no a un foro de internet a las dos de la mañana.
Cuidar bien, sin volverse loco
El Bichón Maltés necesita compañía, actividad, una alimentación adaptada a su tamaño y unas rutinas de higiene sencillas pero constantes. Su pelo blanco exige algo más de mantenimiento que el de otras razas; el lagrimal merece atención; y la boca es uno de esos pequeños frentes que conviene cuidar antes de que dé problemas.
Pero tampoco hace falta convertir la convivencia en una lista interminable de obligaciones.
Cuidar bien a un Bichón Maltés consiste sobre todo en entender sus necesidades y ser constante con ellas. Y después, disfrutar del perro.
Que corra. Que juegue. Que un día encuentre el único charco del camino justo después de haberlo cepillado. También forma parte del trato.
Desde Maltes Lovers, gracias a Antonio por prestarnos este espacio y contarnos las cosas desde el otro lado del mostrador. Nosotros vemos mucho la cría y los primeros meses del cachorro; él ve lo que viene después, cuando la familia ya lleva un tiempo conviviendo con él. Se agradece la perspectiva.

Resumiendo un poco, estudié hasta COU y después me puse a trabajar, de pastelera, telemarketing, … y actualmente soy coordinadora en una Inmobiliaria.
Nunca he estudiado ninguna formación reglada referente a perros, siempre he sido más autodidacta. Hace un par de años me saqué el título en Terapia Asistida con Animales en Al perro Verde. Un mundo nuevo que he descubierto que me apasiona.
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